Leyendo a Muñoz Molina, en una visita a un museo, me hizo recordar uno de los primeros
relatos que escribí.Uno de los protagonistas era este cuadro."Las manos Orantes" de Alberto Durero.
Cuando
supe la historia de estas manos (me emocionó enormemente) saber que
una vida llena de penurias, puede catapultar a alguien muy grande.Las manos son
de el hermano de Durero, que era tan buen pintor como él y sacrificó sus
manos trabajando en una mina para pagarle los estudios a Alberto,cuando
este regresó, para pagarle a su hermano la formación necesaria, Alberto
se encontró a su hermano impedido para pintar, pues se había roto todos
los dedos en la mina.
Alberto Durero al comprobar que su hermano ya no podría pintar. Pensó en agradecerle su gesto inmortalizando sus manos.
Un acto de generosidad y amor, se vió recompesado por otro.
La generosidad en mayúsculas campa en todas partes solo tenemos que mirar hacia el lugar adecuado.
Gracias a todos los que me visitais por aquí.
Todavía estoy abrumada, mas de doscientas visitas en cuatro dias, sois muy generosos.
GRACIAS.